ANÁLISIS DE LAS PRINCIPALES OBRAS ENSAYÍSTICAS DE SERGIO FUSTER


María Arias Urtado

Lima-Perú

 





INTRODUCCIÓN

La obra teológica de Sergio Fuster (Argentina, 1965) no se ubica de forma clara dentro de una corriente teológica “clásica” establecida —digamos, no es teología sistemática confesional tradicional ni pertenece de modo puro a una de las escuelas teológicas dominantes (católica, evangélica, liberal, ortodoxa, etc.). Más bien, su enfoque es ecuménico-crítico, fenomenológico y comparativo, con matices filosóficos y psicológicos. Sin embargo, entiende a la religión fundamentalmente como un fenómeno humano antes que como un conjunto de dogmas o normas institucionales.

Para ello estudia religiones antiguas (egipcia, sumeria, hebreas, etc.), tradiciones orientales (hinduismo y budismo), misticismo, experiencias religiosas, mitos de redención, espiritualidad universal — más allá de los marcos confesionales particulares como búsqueda de sentido humano. Propone una “psico-teología”: usa hermenéutica bíblica junto con filosofía existencial (influencias de pensadores como Heidegger, Sartre) y psicología profunda (psicoanálisis, psicología transpersonal) para abordar la experiencia religiosa humana como proceso existencial de sentido, trascendencia y liberación ante la finitud. Su mirada es crítica hacia las formas institucionales rígidas de la religión: como se señala en su novela-ensayo “La sacerdotisa”, busca “la superación de la religión de las formas a través de la mística en pro de la libertad espiritual”.

Por lo tanto, podemos decir que su teología se enmarca dentro de una teología filosófica, fenomenológica y comparativa de la religión — interesada en lo simbólico, existencial y psicológico — más que en una corriente confesional dogmática tradicional.

Uno de los ejes centrales de su teología es la centralidad de la experiencia humana, donde conceptos como la redención, la liberación y la trascendencia no se entienden como premisas externas o doctrinales, sino como procesos internos de transformación y plenitud. En este sentido, los símbolos y los mitos religiosos funcionan como un lenguaje profundo, capaz de expresar dimensiones psicológicas, místicas y espirituales de la existencia, y no meramente hechos históricos o literales.

Fuster también se distancia de las formas rígidas de religiosidad institucional, promoviendo una espiritualidad libre y transformadora, que privilegia la vivencia auténtica sobre la formalidad externa.

En cuanto a sus influencias y afinidades, la obra de Fuster dialoga con diversas corrientes y autores de la teología y la filosofía de la religión: comparte con Mircea Eliade la valoración de los símbolos y la dimensión universal de lo sagrado; con Paul Tillich, la comprensión de la religión como experiencia existencial y profunda; con Rudolf Bultmann, la interpretación simbólica y la búsqueda de sentido más allá de la literalidad de los mitos; y con Carl Jung y Joseph Campbell, el análisis de los arquetipos, la psicología y la mitología universal.

En síntesis, la teología de Sergio Fuster se puede definir como existencial, simbólica, comparativa y psicológica, centrada en la experiencia humana de lo trascendente y orientada a la liberación y redención interior, con una perspectiva crítica frente a las instituciones religiosas y un enfoque ecuménico y universalista que trasciende tradiciones particulares.

Analicemos ahora algunas de sus obras capitales:

REDENCIÓN Y LIBERACIÓN (2012)



Escrito en el 2012  es un ensayo incipiente de carácter teológico-comparativo. A pesar que sus primeros trabajos publicados fueron exegéticos y más centrados en el estudio paleotestamentario y en el contexto arqueológico del Cercano Oriente, con esta obra comienza una búsqueda de un pensamiento propio e independiente a través del fenómeno de la religión como vivencia total.

En “Redención y liberación” Fuster analiza la experiencia de lo sagrado en tres momentos: religión de las formas, vivencia mística extrema y esencia espiritual. Sostiene que estos tres momentos se conectan con el mito de la redención (pecado original, muerte y resurrección), presente, no solo en el cristianismo, sino también en muchas mitologías de Oriente y Occidente. La “liberación” (que corresponde a la estructura apocalíptica)  para él no es solo social, sino también existencial: liberarse de las formas religiosas para alcanzar una espiritualidad más profunda.


EL ESPÍRITU SIN TIEMPO (2013)



Es un conjunto de conferencias y ensayos sobre la espiritualidad con un enfoque filosófico. Tuvieron el sentido de reforzar lo tratado en “Redención y liberación” ya que, según dejó entrever el autor, no logró explayarse suficientemente en el tema como le hubiese gustado.

Fuster propone una “metafísica intempestiva”: el espíritu, según él, no está condicionado por el tiempo, y eso abre otra forma de pensar la libertad, la verdad y el amor. Explora también el lenguaje simbólico (mito, poesía) como vía para entender lo espiritual, más allá de un discurso puramente racional. En su reflexión hay influencias de filósofos occidentales (como Nietzsche, Heidegger o Sartre) y tradiciones orientales (vedanta, yoga). Trata de hacer una fenomenología de la meditación, la plegaria, la oración y la contemplación.

Como definición de Dios habla que es la vida como condición, pero donde se nuestra esa vida es en los entes como condicionante, encarnada, participa de ello. La espiritualidad pura solo deviene cuando se supera la religión como forma. En este trabajo están casi ya todos los lineamientos que abordará con mucha más complejidad en su obra capital “El campo de la trascendencia”.

Propone además un contra-existencialismo, una propuesta crítica explícita al enfoque del Existencialismo y, a su vez, un intento de replantear lo espiritual, la libertad y la existencia desde otra mirada. Dicho de otro modo: mientras el existencialismo enfatiza la existencia individual, la libertad, la responsabilidad personal, la angustia, la subjetividad y la construcción de sentido en un mundo sin esencia dada, el “contra-existencialismo” de Fuster apunta a una dimensión espiritual que trasciende estos parámetros. Asumir la finitud, la muerte, la contingencia del ser —no como fuente de angustia, desesperación o vacío, sino como contexto real que pone en relieve la unicidad, la originalidad, la irrepetibilidad del individuo. Reconocer una dimensión espiritual que está antes de la cultura, del tiempo, del lenguaje dogmático —una espiritualidad esencial, atemporal, universal. Vivir una ética de la libertad, del respeto al otro, de la dignidad del ser humano, no desde mandatos externos, sino desde una conciencia interna de trascendencia.  Decir que la espiritualidad es “atea”, pero al mismo tiempo trascendental puede resultar paradójico. Él rechaza la religión institucional, pero no niega el valor de lo espiritual. Al proponer una espiritualidad que trasciende formas y culturas, corre el riesgo de abstraerla demasiado: ¿cómo se concreta esa espiritualidad sin ritual, sin comunidad, sin tradición? Esa pregunta puede ser crítica. Su rechazo al existencialismo tradicional implica también renunciar a algunas de sus herramientas poderosas —como la libertad, la responsabilidad, la idea de sentido construible— lo que para algunos puede significar una pérdida del dinamismo existencial.

EL CAMPO DE LA TRASCENDENCIA (2016-2020, II Vols.)



Esta es una de sus obras más ambiciosas. Y pretende que sea su aporte capital. Publicada entre 2016 y 2020 alternativamente, con dos abultados tomos que superan las 700 páginas. Consiste en un tratado de filosofía y psicología de la religión. Fuster reconstruye estructuras teológicas clásicas y las proyecta en la psicología humana y las aplica durante la existencia humana. Introduce la idea del “campo de la trascendencia”: dicho campo no es un Dios-persona, sino un “espacio hipotético de sentido” que emerge de la búsqueda humana para dar sentido a la finitud, la muerte y la crisis existencial. Es la vida como condición.

Con un marco teórico filosófico-teológico, Fuster recurre a teólogos como Rudolf Bultmann y Oscar Cullmann para su interpretación teológica. En filosofía existencial incluye a Heidegger y a Sartre para reflexionar sobre el ser humano “arrojado al mundo” y su relación con la nada. En psicología emplea psicoanálisis clásico (Freud, Rank, Lacan), psicología profunda (Jung) y psicología transpersonal (Ken Wilber, Stanislav Grof) para construir lo que llama un sistema psicológico “prepersonal”. Con respecto a las tradiciones orientales también toma en cuenta filosofías como el Vedanta y el yoga para integrar las experiencias místicas orientales con su esquema teológico-psicológico.

Entre sus objetivos Fuster pretende explicar lo que él llama “experiencia religiosa” en su estado más absoluto: no solo la religión institucional, sino también las formas místicas, esotéricas, espirituales y culturales. Propone una lectura teológica clásica de la redención (Adán-Cristo) pero la lleva más allá de lo bíblico para aplicarla a la vida humana: nacimiento, crisis, y especialmente la angustia de la muerte.

El concepto central es lo que llama “campo de la trascendencia”. No se trata de Dios en sentido clásico, ni de una consciencia cósmica. Más bien, Fuster lo define como un “espacio hipotético de sentido” que el ser humano construye. Como vida. Este campo es la base para integrar y dar sentido a las diversas experiencias religiosas y místicas: sería el “terreno” donde el ser humano busca lidiar con la angustia, especialmente de la posibilidad de la muerte, y revertirla simbólicamente en una “alegría de la vida”. Así, religiones universales (orientales y occidentales) serían interpretadas bajo este mismo esquema: los mitos bíblicos (historia de la salvación.) adquieren un nuevo significado existencial en la interpretación de Fuster.



Propuesta psicoteológica: Fuster no solo describe, sino que “propone” una interpretación nueva, un sistema que combina lo teológico, lo filosófico y lo psicológico para captar lo sagrado como experiencia humana. Partiendo de esa psicología “prepersonal”, él quiere explicar cómo ciertos estados religiosos (misticismo, esoterismo, experiencias profundas) se relacionan con la estructura psíquica del hombre, no solo con Dios o con dogmas, sino con su propia constitución psico-existencial, no obstante, deja la puerta abierta a la sensibilidad mística. También traduce los mitos bíblicos a símbolos existenciales: la crucifixión, por ejemplo, no es solo un hecho histórico, sino un símbolo para la “crucifixión del Yo”, algo que hace eco psicológico y que puede acontecer en diversos planos tanto naturales como espirituales.

Alcance comparativo: Fuster hace una hermenéutica de los dos testamentos de la Biblia, pero también dialoga con tradiciones orientales (vedanta, yoga) para mostrar cómo distintas culturas han abordado ese “campo de trascendencia”. La idea es encontrar un hilo común: a pesar de las diferencias teológicas o mitológicas, muchas tradiciones comparten estructuras simbólicas similares (caída, salvación, trascendencia). Tema ya abordado primitivamente en  su “Redención y liberación”.

Algunas implicaciones y críticas posibles

Antropología existencial: Su enfoque sugiere que la experiencia religiosa no es simplemente dar culto a un Ser supremo, sino un fenómeno muy humano, vinculado con la finitud, la muerte, la angustia.

Teología no tradicional: Al decir que el “campo de trascendencia” no es Dios per se, se aleja de algunas visiones teístas clásicas. Esto podría generar debate entre teólogos más ortodoxos.

Psicologización de lo sagrado: Interpretar lo místico y lo religioso desde teorías psicológicas puede llevar a que algunos consideren que “redujo” las experiencias espirituales a procesos psíquicos. Por otro lado, este enfoque resulta muy potente para entender el significado subjetivo de esas experiencias.

Universalismo simbólico: Su lectura “unificadora” (mitos bíblicos + filosofías orientales + profundidad psicológica) puede ser vista como ambiciosa: no es sencillo demostrar que todos esos sistemas sean “equivalentes” simbólicamente, aunque Fuster lo intenta con rigor.

PASIÓN Y MUERTE DE LA HISTORIA (2022)



Fue una obra publicada en 2022 y hay pocas reseñas. Sus libros extrañamente están fuera del espectro editorial habitual y se maneja en publicaciones bajo demanda o libros digitales. En este sentido es un escritor marginal. Basado en lo que Fuster ha explicado en entrevistas y en su ficha de autor, estas son algunas de las ideas centrales del libro:

El sentido de la obra

Lo que en “El campo de la trascendencia” trató como individual y psico-espiritual, en esta obra lo llevará a la historia humana y sus asincronías. La idea de muerte y resurrección pasional lo entenderá como La “muerte de la historia”. Esta es una de las tesis clave del libro y es que la historia, tal como la concebimos tradicionalmente, ha “muerto”. Fuster ve que ya no hay una narrativa lineal, trascendente o definitiva de la historia. Para él, la historia no es algo “externo y objetivo” (como podría pensarse en algunas tradiciones marxistas), sino un discurso construido: “la historia es una edificación colectiva y, desde luego, subjetiva”. Fuster sugiere que en la era digital, con las redes sociales y la comunicación instantánea, la multiplicidad de voces genera una dificultad para concebir una “época” coherente o un relato común que atraviese la sociedad. Esa fragmentación y fugacidad de la memoria colectiva llevan, según él, a algo así como un “deceso de la historia”: los eventos pierden trascendencia, no se inscriben en una gran narrativa que los trascienda.

Épocas, globalizaciones y “acontecimientos absolutos”: Para justificar su tesis Fuster, que compara la teología de la cruz con las globalizaciones, habla además de “acontecimientos absolutos”: los define como hechos que marcan un antes y un después profundo, una huella indeleble, casi como un trauma colectivo. Por contraste, también menciona los “acontecimientos gravitacionales”: sucesos que no tienen un impacto universal duradero, pero que ayudan a articular contexto y circunstancia, como el viento alrededor del ojo de un huracán, según su metáfora. Y esto lo relaciona comparativamente con la muerte y crucifixión de Cristo, y con la “experiencia mística de la historia”, otras metáforas, esta vez teológicas, para pensar el tiempo actual. Su preocupación es que en la contemporaneidad muchos hechos no adquieren esa dimensión gravitacional que los inscriba en una narrativa mayor porque la memoria colectiva es efímera, fragmentaria. Señala que hubo tras grandes globalizaciones: la primera coincide con la “Era axial” de Jaspers en el siglo V a.C., la segunda con el Renacimiento siglo XIV y la tercera con la revolución industrial y tecnológica contemporánea. Son “tres cruces” de la historia funcionan como calvarios que anuncian la tormenta del deceso de la historia.

La pérdida de verdad y la “mitopolítica”: Fuster considera que vivimos en una época en la que la verdad se debilita: hay un fenómeno de “posverdad” donde las emociones, creencias personales o de tribus ideológicas pesan más que los hechos objetivos. Introduce el concepto de mitopolítica: cree que algunas ideologías actuales tienen un carácter casi religioso. Líderes políticos o movimientos de masas pueden funcionar como mitos colectivos, construyendo verdades absolutas propias, generando tribalismos ideológicos. Esto puede llevar a la cancelación del que piensa distinto, porque estas “verdades míticas” se vuelven rígidas, ideológicas, no abiertas al diálogo.

Memoria, poder y sujeto: Por otra parte, la capacidad de “contar la historia” está vinculada al poder: quienes tienen más capacidad de narrar y medios económicos y mediáticos para hacerlo pueden imponer su versión o su visión. La hegemonía de la digitalización genera una pérdida significativa del pensamiento crítico y la de consciencia de tiempo. Además, advierte que sin una historia clara no hay un sujeto visible fuerte: “sin sujeto no hay posibilidad que nuestra civilización salga adelante”. Hay también una reflexión sobre la memoria: no solo como relato de lo vivido, sino como construcción de sistemas de creencias, religiones y mitos.

El rol de la tecnología / ciencia: Para Fuster, la tecnología —especialmente Internet y las redes sociales— tiene un rol ambivalente: puede fragmentar la historia pero también crear nuevas “divinidades” como “El Dios digital”: “la técnica te hace creer que es buena, que todo lo puede y que todo lo sabe”. También hay mención al transhumanismo: Fuster lo ve como una ideología potencialmente peligrosa porque habla de “mejorar” al hombre mediante la tecnología, y eso podría generar nuevas jerarquías ontológicas (humanos superiores versus otros que no alcanzan ese estatus). Esa visión se conecta con su crítica de la razón: en su análisis, la “diosa razón” (o la razón entendida como algo absoluto) ha sido desafiada por la proliferación de creencias emocionales o míticas y por la tecnificación de la vida.

Crítica moral y filosófica: Fuster no solo hace una reflexión teológica, sino también moral: hay una “decadencia moral y filosófica” ante lo que él llama “des-habitación del sujeto”: el individuo contemporáneo estaría cada vez menos arraigado en ideas fundantes, en referentes éticos permanentes. Parte de su propuesta teológica es recuperar lo bueno de la Ilustración (el racionalismo, el humanismo) sin caer en un fanatismo tecnológico o un mito irracional: advierte que sin fundamento moral fuerte, el mundo contemporáneo puede volverse muy frágil.

¿Para quién puede ser útil este libro?

Este, sin duda, puede ser una obra interesante para teólogos y filósofos de la religión, ya que su análisis teológico es profundo y ofrece una mirada crítica sobre cómo las religiones y las creencias funcionan hoy, en la era digital, como estructuras míticas y políticas. Pero además para quienes estudian filosofía de la historia ya que Fuster propone una mirada inusual: la “muerte de la historia” no solo como un tema filosófico, sino con consecuencias teológicas (crucifixión) y existenciales. También para académicos de estudios culturales / sociología porque su reflexión sobre la memoria colectiva, el poder narrativo y el papel de la tecnología conecta con debates contemporáneos (posverdad, cancelación, redes sociales, transhumanismo). Y por supuesto, para lectores que siguen “espiritualidades no tradicionales”: personas que no necesariamente adhieren a una religión institucional pero se preguntan por el sentido, por el mito, por la trascendencia, pueden encontrar en su obra una reflexión provocadora.

Algunas críticas o puntos débiles posibles

Su tesis sobre la “muerte de la historia” podría parecer pesimista o demasiado grandilocuente: no todos estarán de acuerdo en que no hay narrativa histórica coherente hoy. Al usar conceptos como “acontecimientos absolutos” y “acontecimientos gravitacionales”, puede parecer que Fuster incorpora una mezcla algo metafórica / simbólica que no se sostiene en datos históricos convencionales —depende bastante de su interpretación teológica. Por su parte la idea de “mitopolítica” y su crítica a las ideologías contemporáneas podrían verse como un juicio moral fuerte, polémico para quienes defienden algunas de esas ideologías. Su posición ante la tecnología y el transhumanismo puede generar debate: no todos compartirán su visión negativa o de alerta.

La relación que Sergio Fuster plantea entre globalización y experiencia mística colectiva no está formulada por él en una sola tesis cerrada, pero puede reconstruirse con bastante claridad a partir de las ideas presentes en “El campo de la trascendencia” y Pasión y muerte de la historia”. Su pensamiento permite ver cómo ambos fenómenos se cruzan.



Tres niveles de análisis

A continuación  se explica la relación en tres niveles del pensamiento de Fuster: 1) sociocultural, 2) psicológico-existencial y 3) teológico-simbólico.

En el primer nivel, el “Nivel sociocultural” se entiende  a La globalización como “unificación del espacio simbólico”. En la lectura de Fuster, la globalización no es solamente un proceso económico o político. Es la creación de un espacio cultural planetario, donde las narrativas tradicionales (religiones, mitos, identidades nacionales) pierden exclusividad, circulan símbolos, rituales, ideologías y espiritualidades de forma simultánea, y surge un “campo” común donde diferentes experiencias de trascendencia se vuelven accesibles a todos.

Ese “mundo unificado” funciona como un gran receptáculo simbólico, un campo global, que hace posible que experiencias antes locales se vuelvan colectivas también a escala global. Por ejemplo: a) prácticas orientales (yoga, meditación) integradas a Occidente; b) fenómenos de espiritualidad digital (meditación guiada, rituales transmitidos en redes); c) movimientos globales que se viven con intensidad casi religiosa (ecologismo apocalíptico, mesianismos políticos, etc.). La globalización genera entonces disponibilidad inmediata de experiencias místicas y de discursos trascendentes, generando un fenómeno cuasi místico que atraviesa fronteras.

El segundo nivel es el “Nivel psicológico-existencial”. La globalización entonces intensifica la angustia y el vacío—condiciones de lo místico en Fuster

En El campo de la trascendencia”, Fuster dice que la experiencia religiosa profunda surge cuando el ser humano enfrenta la angustia (especialmente la de la muerte), la fragmentación del yo y la pérdida de sentido. La globalización, por su parte, al fragmentar la identidad (por exceso de estímulos, discursos contradictorios, velocidad digital, colapso de narrativas históricas), produce debilitamiento del relato personal, sobrecarga simbólica, incapacidad para inscribir la experiencia en un tiempo histórico coherente y la sensación de simultaneidad sin dirección.

Es decir: globalización → desarraigo → angustia → búsqueda de trascendencia.

En este contexto, lo místico no aparece como “contacto con lo sagrado tradicional” ni como liberación espiritual, sino como una respuesta psíquica globalizada al vértigo emocional del mundo interconectado y como fenómeno de masas.

En el tercer nivel, el Nivel teológico-simbólico, La globalización como productora de “misticismos colectivos”. Esto es clave en Fuster. Él señala que en la cultura actual surgen fenómenos que funcionan como religiones sin llamarse religiones: por ejemplo, movimientos políticos identitarios, ideologías de redención (tecnología, progreso, ambientalismo milenarista, nacionalismos, feminismos, fundamentalismos religiosos), fenómenos virales que generan sentimiento de comunión, y ritualidad digital cotidiana.

Estos fenómenos conducen a una experiencia mística colectiva, en el sentido de: adhesión emocional profunda, sensación de destino compartido, ritualización, sacralización de símbolos, construcción de mitos (la “mitopolítica” de Fuster y la relación de la “experiencia mística como total y liberadora” y su asincronía con los “acontecimientos místicos globalizados colectivos como retorno a los totalitarismos”), y pertenencia tribal de carácter religioso. La globalización multiplica y amplifica estas dinámicas: lo que antes podía ser un culto local hoy puede convertirse en una experiencia colectiva planetaria en horas.

Síntesis de su relación: Globalización → Crisis de sentido → Necesidad de trascendencia → Nuevas formas de mística colectiva

Comparación analítica entre “El campo de la trascendencia” y “Pasión y muerte de la historia”


Para Fuster la globalización destruye la historia como relato lineal y totaliza todo en un solo acontecimiento absoluto. Deja a los sujetos desarraigados, desorientados, sin grandes narrativas y produce la pérdida amplifica la búsqueda de sentido espiritual. En ese vacío emergen experiencias místicas globalizadas (espirituales, políticas, ideológicas, tecnológicas). La globalización actúa como “campo unificado” donde estas experiencias se contagian y expanden. O sea: La globalización no elimina la mística; la deforma, la democratiza, la acelera y la transforma en búsquedas totalitarias colectivas.

A)Mística auténtica: Es la mística como experiencia existencial profunda, vinculada a la angustia humana fundamental (especialmente la angustia de la muerte y la reversión virtuosa en la búsqueda de vida o de Dios). La confrontación del yo con su fragilidad. La apertura a algo que lo trasciende. También llamada “espiritualidad perenne”.

En El campo de la trascendencia”, la mística auténtica no es solo religiosa:
puede ser además cristiana, oriental, atea, existencial o secular.
Lo que la caracteriza es que transforma al sujeto: lo despoja, lo descentra, lo hace humilde, lo abre a lo real. Cuyas características son las siguientes: Es dada por “gracia” (no buscada por psicotécnicas). Desidentificación del ego. Profundidad simbólica no utilitaria. Relación con el misterio, no con el control volitivo. No exige fanatismos, sino entrega. Genera integración interior y disminución del narcisismo. El yo no queda reforzado sino purificado.

B) Mística ideológica: Es lo que Fuster detecta en Pasión y muerte de la historia y llama mitopolítica a un fenómeno en el que ideas políticas, tecnológicas o culturales adoptan funciones religiosas y en su búsqueda inconsciente de la mistica d emasas conducen a distintos tipos de totalitarismos. También llamada “espiritualidad volitiva”.

Ejemplos: Tribalismos ideológicos que actúan como iglesias. Líderes políticos vividos como mesías. Ideologías que prometen redención total (transhumanismo, nacionalismos, ambientalismo apocalíptico, utopías tecnológicas, feminismos,  ecologías, etc.). Estados de comunión emocional colectiva (fanatismos, cancelación, dogmatismos digitales). Esta mística no nace de la angustia existencial sino de la búsqueda de identidad y control en un mundo fragmentado hegemonizado con el poder.

Características: Refuerza el ego colectivo (“mi grupo tiene la verdad”). Usa símbolos sacralizados para excluir al otro. Requiere obediencia, no transformación interior. Opera por contagio emocional. No abre al misterio sino a la certeza absoluta. El yo no se trasciende, se endurece.

Diferencias entre misticismo oriental y occidental (según Fuster)

Fuster no simplifica, pero identifica grandes tendencias que usa como base para construir su idea del “campo de trascendencia”.

A) Misticismo oriental: Utiliza como ejemplos al vedanta, budismo, yoga y taoísmo, entre otros. Rasgos principales que Fuster destaca son los siguientes: a) tienden a la disolución del yo; b) consideran lo absoluto como unidad (Atman = Brahman, vacío budista, Tao); c) la trascendencia es inmanente: ya está aquí; d) la práctica espiritual es psicológica y corporal (meditación, respiración), e) la meta es la liberación del sufrimiento y f) el tiempo es circular o ilusorio (paradigma iluminativo).

Para Fuster, estas tradiciones se acercan a lo que él llama consciencia transpersonal o circular, trans o progresiva.

B) Misticismo occidental Utiliza ahora estos ejemplos: cristianismo, judaísmo, islam, mística renana, mística apofática. Rasgos principales: a) mantienen la distinción entre el yo y lo divino; b) la trascendencia es vertical, no inmanente; c) el yo es disuleto o se crucifica y luego renace transformado; d) el tiempo tiene dirección (creación → caída → redención → consumación); e) la experiencia mística pasa por la dolorosa transformación (noche oscura, ascetismo); f) hay fuerte énfasis en la historia y el acontecimiento. Para Fuster, el misticismo occidental expresa otro aspecto de la condición humana, lo pre o consciencia prepersonal, regresivo hacia lo uterino: la estructura que se mueve entre finitud y posibilidad de renacer.

C) Lo que hace Fuster: No elige entre ambos: los integra como expresiones distintas del mismo “campo de trascendencia”. Para él: Oriente revela la inmanencia absoluta del misterio iluminativo. Occidente revela la tensión histórica y existencial del sujeto en la redención. Ambas experiencias, al globalizarse, se entremezclan, creando fenómenos híbridos de espiritualidad contemporánea, sin embargo, adhiere a la redención prepersonal y psicológica sobre la transpersonal y colectiva.

Cómo se conecta la experiencia mística con el colapso de las “épocas”

En Pasión y muerte de la historia”, Fuster sostiene que: La historia ya no puede articular un relato común. Vivimos en “épocas” definidas por un presente continuo, saturado de información. Las narrativas que antes daban sentido (religiones tradicionales, Estado, nación, progreso) ya no organizan las experiencias, sino que colectivizan totalitarismo sin reflexión e intempestivos.

Esto tiene consecuencias místicas: A) Se diluye el relato lineal del sentido. Si ya no hay una “época”, tampoco hay una historia que nos contenga. Esto provoca angustia, nihilismo y desorientación. La experiencia mística reaparece como intento de suplir ese vacío. B) Lo colectivo necesita nuevos relatos absolutos Ante la caída de las narrativas tradicionales, lo colectivo inventa nuevos “misticismos”: idealizaciones políticas, identidades cerradas, movimientos globales con lenguaje apocalíptico, religiones civiles tecnológicas. Estos funcionan como sustitutos de la antigua narrativa histórica.

La globalización acelera el contagio místico: al caer las épocas, surge un presente global donde los símbolos se multiplican, las emociones se viralizan, los rituales se colectivizan digitalmente, y lo místico se vuelve una experiencia social masiva. Por lo tanto, el colapso de la historia abre el espacio a místicas de masas.

Síntesis general: La mística auténtica transforma al yo;
en cambio, la mística ideológica lo endurece. Oriente tiende a la disolución del yo; Occidente a la transformación histórica del yo; Fuster ve ambas como expresiones del mismo campo trascendente. El colapso de las “épocas” por la globalización deja un vacío narrativo; ese vacío es llenado por nuevas experiencias místicas colectivas o totalitarismos mediáticos, técnicos o políticos.Final del formulario

INTUICIONES DE LO SAGRADO (2025)



 Publicado más recientemente, reúne ensayos sobre religiones africanas, asiáticas y americanas. Fuster estudia cómo distintas tradiciones religiosas intuitivas viven lo sagrado, no solo desde su dogma, sino desde su experiencia simbólica y cultural. Reflexiona también sobre religiosidad popular, especialmente en América Latina, y cómo esa experiencia contribuye a una teología más universal y plural.



LÍNEAS CENTRALES DE SU PENSAMIENTO TEOLÓGICO

Crítica a las formas religiosas tradicionales: Fuster cree que muchas religiones están atrapadas en sus estructuras históricas (“formas”), y propone una espiritualidad que trasciende esas formas.

Religión y psicología: Hay demasiada integración entre la teología y la psicología (destacando lo prepersonal e incluyendo lo transpersonal) en su obra.

Mito y arquetipo: Recurre al mito (redentor, apocalíptico) y a los arquetipos para interpretar la historia humana y religiosa.

Trascendencia no teísta: Su “campo de la trascendencia” sugiere una forma de sentido espiritual que no se reduce a un Dios como persona, sino como un horizonte de significado.

Ética del sujeto espiritual: Para Fuster, es clave reconstruir un sujeto espiritual con sentido frente a la crisis contemporánea: sin sujeto no hay historia, según él.

Pluralismo religioso: Tiene una apertura a tradiciones diversas (Occidente, Oriente, África, América), no solo para entenderlas, sino como parte de una búsqueda unificada de lo sagrado.

EL LUGAR DEL PERIODISMO EN LA OBRA DE FUSTER

 María Arias Urtado

Lima-Perú


LA RELIGIÓN EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO (2018)



En esta antología, Fuster reúne ensayos publicados anteriormente en la revista “Los tiempos nuevos”, publicación que dirigió por siete años (201-2019). Su obsesión era poder definir la época presente: que señala como “transposmodernidad” y, finalmente, como “modernidad fantasma” ya que la época según la entiende “ha muerto” y solo queda su espectro. Anteriormente en esta búsqueda había ya publicado el pequeño tratado “La religión partida. Problemas del diálogo interreligioso en el siglo XXI” (2014) y “El Dios digital” (2015). Aquí en “La religión en el mundo contemporáneo” analiza cómo la religión se “reinventa” en el siglo XXI. Señala que, después de la caída de las Torres Gemelas, religiones como el islam, el cristianismo y el judaísmo vuelven a tener un papel central en la política global. También habla de corrientes espirituales modernas: “religión débil” (como la New Age en franco retroceso), el transhumanismo, el ciber-feminismo, la posverdad, etc., y ve en ellas riesgos para la “ontología” del ser humano. Fuster plantea la necesidad de aceptar la condición de finitud, de “superar la religión” tradicional para recomponer un sujeto con sentido, con consciencia de que esta vida es la única que tenemos y, por lo tanto, se transustancia en sagrada, y construir una ética nueva (ética del silencio o espiritual) frente al desencanto religioso y la crisis espiritual.


ESCRITOS PROFANOS (2022)



Fuster ha hecho una amplia carrera en el periodismo crítico y cultural.  “Escritos profanos” es una colección de ensayos, artículos y notas periodísticas sueltas –varias inéditas- que  escribió entre 2011 y 2019 de carácter desigual. En estos textos reflexiona sobre la existencia humana, la redención, la secularización, la crisis espiritual contemporánea, lo sagrado, la política, el capitalismo, la tecnología, entre otros temas. Son una buena puerta para ver cómo su pensamiento teológico y filosófico dialoga con la vida cotidiana y los desafíos actuales.

OBRA PERIODÍSTICA 3 Vols.

Recién a partir del 2020, junto al cierre la su revista Los tiempos nuevos ha hecho una participación más sistemática con respecto a su colaboración periodística. Ha escrito columnas de opinión para medios tradicionales como La Gaceta Mercantil, Perfil y Diario Siglo XXI. Estos textos ya no son de carácter marginal  sino que adquieren ahora una difusión más masiva. Estas notas fueron recopiladas en la antología “Obra periodística I”, “Obra periodística II”, incluso una tercera “Obra periodística III” con escritos sobre la situación en Oriente Medio.

Características de su obra periodística como reflexión crítica sobre la contemporaneidad



En su “Obra periodística I” (textos de 2020-2021), Fuster reúne artículos publicados en “La Gaceta Mercantil” en los que analiza la pandemia, la muerte, la existencia, el capitalismo, la tecnificación, la moral humana, y lo que él ve como la “ausencia de perspectivas de futuro” en el mundo moderno. Este enfoque no es meramente descriptivo, sino normativo y filosófico: Fuster no solo reporta, sino que reflexiona sobre los valores, las crisis espirituales y éticas de nuestra época. En su pensamiento (y seguramente también en sus artículos), una parte clave está en la crítica al “Dios Digital”: para Fuster, la tecnología, especialmente las redes, la web, la inteligencia artificial, constituyen un nuevo poder sagrado o “religioso” que redefine al sujeto humano.  Esta visión se manifiesta tanto en sus ensayos filosóficos como en su producción periodística, donde advierte sobre la deshumanización, la pérdida del sentido, y cómo la digitalización afecta la espiritualidad humana.



En su “Obra periodística II” (2022-2023) y “Obra periodista III. Estudios sobre Oriente Medio” (2018-2024) publicados tanto en “La Gaceta Mercantil” y Diario “Perfil”, Fuster no solo escribe sobre filosofía y espiritualidad, sino también sobre acontecimientos geopolíticos y ético-políticos: aborda la guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente/Israel-Palestina, el avance tecnológico, y los nuevos escenarios de poder.  Su crónica es “intervención erudita del presente”: no es periodismo estrictamente informativo sino interpretativo, con peso teórico y una voluntad de “rescatar algo del espíritu” en un mundo que él ve como en decadencia moral o filosófica.

Estilo y tono



Su escritura periodística combina columnas de opinión con ensayos, reseñas y entrevistas. No es un columnista meramente opinador, sino también un intelectual público que “engancha” su formación académica con su mirada sobre la realidad. Tiene un tono profundo, a veces apocalíptico o profético: habla de la “muerte de la historia”, de un presente eterno que nos atraviesa y constituye, de un sujeto cada vez más deshabitado por la modernidad digital. Su diagnóstico no es sólo teológico, sino también psicológico: alude a la alienación, a la pérdida de sentido, al olvido de valores humanos.

Funciones de su periodismo

Diagnóstico: identificando los problemas espirituales, existenciales y sociales del mundo contemporáneo.

Advertencia: hace una llamada de atención ética y filosófica, señalando los riesgos de la tecnificación, la secularización radical, el fundamentalismo y la crisis de sentido.

Propuesta: no se queda solo en la crítica, sino que ofrece interpretaciones teológicas, filosóficas y simbólicas para repensar la trascendencia.

Educación pública: como teólogo y filósofo, su periodismo cumple también una función pedagógica, para lectores que no son necesariamente expertos en teología.

Impacto y relevancia

Intelectual público: Fuster representa una voz relativamente poco común en los medios: alguien con formación teológica y filosófica que habla de religión, tecnología, moralidad, y sentido en un lenguaje público, no exclusivamente académico.

Reflexión sobre lo sagrado: Su periodismo contribuye a una reflexión más profunda sobre cómo las sociedades modernas manejan (o descuidan) lo sagrado, lo trascendente y lo espiritual, especialmente en un contexto posmoderno/digital.

Crítica cultural: A través de sus columnas, Fuster aborda no solo la religión tradicional, sino también la “religión” tecnológica, los nuevos paradigmas de poder y de sujeto, lo que lo hace un crítico cultural pertinente en el siglo XXI.

Algunas críticas o puntos a tener en cuenta

Accesibilidad: Dado que su enfoque es teológico-filosófico, algunos artículos pueden ser más densos para lectores sin formación filosófica o religiosa.

Perspectiva normativa: Su periodismo no es neutral: parte de una visión crítica y normativa, lo que puede polarizar. Y, en ocasiones, presenta un tono pesimista.

Alcance: No es un periodista de “nota dura” (periodismo investigativo clásico), sino más bien un analista intelectual, por lo que su impacto depende bastante de lectores interesados en filosofía, teología y cultura.

Parcialidad en el análisis de la Guerra en Gaza: Ha recibido críticas por su postura sobre la no existencia de un Estado Palestino (publicadas en la sección “Internacionales “ en “La Gaceta Mercantil” y “Perfil” y en algunas intervenciones radiales), en cambio, expresa su defensa a que Israel tiene derecho bíblico a toda la tierra. Ha escrito que Palestina debe dejar sus pretensiones de ser Estado y que deben vivir bajo un solo gobierno israelita cada uno respetando sus costumbres y religión. Apelando para ello a que el respeto a la vida es más importante que la ocupación del territorio y que su religión debe ser superada. La crítica que se le ha señalado también es la ingenuidad de la idea y la imposibilidad siendo acusado de plantear utopías. En un artículo publicado en un periódico colombiano “Al poniente” en mayo de 2024 Fuster trata de equilibrar sus propuestas “La causa palestina y la vieja izquierda”. https://alponiente.com/la-causa-palestina-y-la-vieja-izquierda/.

 Estructura general de su obra periodística

La obra periodística de Fuster, distribuida en varios volúmenes (al menos I, II y III), es un corpus coherente que funciona como:

a) Crónica filosófica del presente. No escribe periodismo informativo sino periodismo interpretativo, donde el acontecimiento es un disparador para una reflexión sobre: el sujeto humano, la trascendencia, la técnica, la política global, las transformaciones espirituales de la sociedad.

b) Puente entre teología y vida pública: Fuster hace algo que pocos teólogos realizan en medios: introduce temas de espiritualidad, sentido, trascendencia en el debate cultural y político contemporáneo.

c) Archivo de un tiempo crítico (2020–2024): Sus volúmenes funcionan como una especie de memoria intelectual del período pospandemia, conflicto bélicos recientes, crisis democrática y revolución digital.

Temas centrales y constantes



1. La crisis del sujeto moderno: Fuster analiza cómo el hombre contemporáneo: pierde sentido, vive fragmentado, sustituye la interioridad por consumo o técnica, experimenta soledad existencial. Su tesis de fondo: el sujeto moderno está deshabitado, vacío de trascendencia.

2. La “Era Digital” como fenómeno teológico: Este es uno de sus ejes más fuertes. Fuster no critica la tecnología desde un lugar tecnófobo, sino como teólogo: ve en ella un nuevo poder sagrado, un tipo de idolatría moderna. Plantea que: la digitalización reconfigura la identidad, la información se convierte en absoluto, la técnica sustituye la noción tradicional de Dios, la IA, los algoritmos y las redes generan una religiosidad sin trascendencia. Esto está muy presente en sus artículos y es el núcleo de obras como El Dios Digital” (2015).

3. Geopolítica y ética: En “Obra periodística II”, sobre todo, aparecen fuertes análisis sobre: la guerra en Ucrania, el conflicto Israel-Palestina, el colapso del orden internacional, el retorno de los fundamentalismos, la fragilidad de la democracia. Siempre desde una mirada ética y espiritual, no meramente política.

4. Pandemia, deceso y sentido: En los textos de 2020-2021: La pandemia aparece como un acontecimiento revelador. Fuster reflexiona sobre la muerte como un tabú moderno. Interpreta la crisis sanitaria como una metáfora del vacío espiritual contemporáneo. Aquí su estilo se vuelve más existencial, incluso meditativo.

5. Crítica cultural: Fuster denuncia la banalidad del consumo, el entretenimiento como forma de alienación, la posverdad, la cultura del resentimiento, la estetización de la violencia y la pérdida de la memoria histórica.

Evolución a lo largo de sus obras

OBRA PERIODÍSTICA  I (2020–2021)

Presenta un tono más introspectivo y existencial. Temas relevantes: pandemia, vulnerabilidad, muerte, tiempo detenido, la fragilidad de las certezas humanas. Visión propuesta: el mundo entra en una crisis espiritual profunda

OBRA PERIODÍSTICA II (2022–2023)

Mayor énfasis en: geopolítica, guerras, la crisis del orden global, análisis ético-político del presente. Se convierte más en un “analista” del mundo actual, con formación teológica.

OBRA PERIODÍSTICA III (2018-2024) (Oriente Medio y conflictos)

Adopta un tono más crítico y geopolítico, pero sin perder su base espiritual. Analiza: fanatismos, choque de cosmovisiones, el sufrimiento humano como categoría teológica. Sostiene una defensa camusiana a la vida sobre las pretensiones territoriales que le valieron sendas críticas y otorga una finalidad religiosa a los problemas entre los árabes y los israelíes.

Marcos teóricos que utiliza





Fuster, aun sin citar constantemente, trabaja con: a) Filosofía continental: Especialmente con Heidegger (ser, nihilismo, técnica), Levinas (ética del otro), Arendt (totalitarismo, banalidad del mal), Byung-Chul Han (cansancio, rendimiento, transparencia). b) Teología cristiana: La noción de trascendencia, el sentido del sufrimiento, la búsqueda simbólica de lo sagrado, el problema del mal. c) Sociología crítica: Interpreta la modernidad tardía como una época de: disolución comunitaria, hiperindividualismo, tecnificación radical y “espectro” epocal.

Rasgos estilísticos

  1. Ensayístico antes que periodístico.
  2. Argumentación lenta, reflexiva.
  3. Uso frecuente de imágenes simbólicas (sombra, niebla, abismo, máquina…).
  4. Tono profético, a veces apocalíptico.
  5. Profundidad conceptual (no es divulgación superficial).
  6. Interdisciplinariedad: teología + filosofía + análisis de actualidad.
  7. Escritura clara pero intensa, más cercana al ensayo literario que a la columna política.

Aportes originales: Integra teología y política internacional: muy pocos columnistas trabajan ese cruce de manera sostenida. Propone una crítica metafísica de la tecnología: no se queda en lo sociológico sino que interpela lo espiritual. Recupera la dimensión del sentido en la actualidad. Es, en definitiva, una filosofía accesible sin caer en superficialidades, además que aporta una mirada de largo plazo, no reducida al titular.

¿Por qué importa su obra periodística?

Porque funciona como:

  • Termómetro espiritual de un mundo acelerado.
  • Advertencia ética en una época de confusión moral.
  • Puente cultural entre religión, filosofía y actualidad.
  • Contra-discurso frente al positivismo tecnológico.

Su periodismo es parte de una tradición de intelectuales públicos filósofo-teólogos, poco frecuente en el ámbito hispánico

Síntesis general por períodos y ejes temáticos

I. Obra periodística I (2020–2021)

Eje: pandemia, muerte, tiempo detenido, vulnerabilidad humana.

Artículos tipo:

  1. “La muerte como espejo del siglo XXI”
    • Reflexión sobre cómo la pandemia obligó a mirar lo que la modernidad oculta: la finitud.
    • Fuster discute la hiperhigienización moral del mundo y la negación de la muerte.
    • Conclusión: sin asumir la muerte no hay verdadera vida espiritual.
  2. “El tiempo suspendido”
    • Analiza la suspensión del ritmo social.
    • Interpreta la cuarentena como interrupción teológica del tiempo productivo.
    • Lectura metafísica del silencio y la detención.
  3. “La soledad digital”
    • Critica la falsa comunidad de las redes durante el encierro.
    • El sujeto desconectado de sí mismo aunque hiperconectado con pantallas.
    • Introduce la idea del “Dios Digital”.

 




II. Obra periodística II (2022–2023)

Eje: guerras, crisis democrática, geopolítica espiritual.

Artículos tipo:

  1. “Ucrania: el retorno de la violencia mítica”
    • Fuster no analiza solo geopolítica: interpreta la guerra como reaparición del mal en su forma más arcaica.
    • Reflexiona sobre la violencia como ruptura del orden simbólico.
  2. “La democracia fatigada”
    • Describe la erosión del pacto social en Occidente.
    • Analiza el populismo como reacción al vacío espiritual.
    • Propone recuperar una ética del servicio y la interioridad.
  3. “La posverdad como idolatría”
    • La mentira ya no oculta la verdad, sino que ofrece una sensación de pertenencia.
    • Para Fuster, la posverdad no es técnica: es espiritual.

 

III. Obra periodística III (conflictos de Medio Oriente y análisis cultural)

Eje: fanatismo, violencia simbólica, choque de cosmovisiones.

Artículos tipo:

  1. “Israel y Palestina: tragedia de los absolutos”
    • Interpreta el conflicto como colisión de sacralidades.
    • Analiza cómo el sufrimiento se convierte en identidad política.
  2. “Oriente Medio: tierra del exceso de significado”
    • El territorio como espacio teológico, no solo geopolítico.
    • Muestra cómo las narraciones religiosas se transforman en armas.
  3. “Fundamentalismos modernos”
    • Conexión entre nihilismo digital y fanatismo religioso.
    • Tesis: ambos son síntomas de pérdida de sentido.